Dónde estuviste de noche – Clarice Lispector

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La señora de Jorge B. Xavier terminará doblándose sobre el lavatorio para vomitar un grito: “¡Tiene! ¡que! ¡haber! ¡una! ¡puerta! ¡de saliiida!”. Una mujer, que a los lindes de los 70 años, comprende que morirá en secreto porque así, en secreto, ha vivido” (“pero también sabía que toda muerte es secreta”).

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Descripción

Los cuentos de Clarice Lispector reunidos en Dónde estuviste de noche (Onde estivestes de noite), publicados originalmente en Río de Janeiro en 1974 son en su mayoría cuentos sobre mujeres que buscan otro destino y una puerta para huir del encierro, como la que conocemos apenas como la señora de Jorge B. Savier, quien perdida en laberintos oníricos, sueña despierta con el amor romántico de Roberto Carlos cantándole al oído “Quiero que me des calor en este invierno y que todo lo demás se vaya al infierno”.

La señora de Jorge B. Xavier terminará doblándose sobre el lavatorio para vomitar un grito: “¡Tiene! ¡que! ¡haber! ¡una! ¡puerta! ¡de saliiida!”. Una mujer, que a los lindes de los 70 años, comprende que morirá en secreto porque así, en secreto, ha vivido” (“pero también sabía que toda muerte es secreta”).

O mujeres como la anciana de 77 años (Doña María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo), estupefacta, desarmada, derrotada ante la gentileza de una mujer de 37 años que le ofrece cambiar de asiento en el tren.

Ángela, la más joven, está abandonando al hombre que adora porque él sólo exige de ella actividad intelectual, sin la dulzura de Schumann (“Pero yo soy física, mi amor, soy física y tuve que ocultarte la gloria de ser física.

Y tú, que eres el fulgor mismo del raciocinio, aunque no lo sepas, eras alimentad por mí… ¡Lo abandono todo! ¡Todo! Y así no seré abandonada… Te abandono. En el fondo de tu inelectualismo, tú no vales la vida de un perro.

Entonces te abandono. Y abandono al grupo falsamente intelectual que me exigía un vano y nervioso ejercicio continuo de inteligencia falsa y reprimida. Necesité que Dios me abandonara para poder sentir su presencia. Necesito matar a alguien dentro de mí…”).

En la partida del tren y el corto viaje, pasamos de la mente de Doña María a la de Ángela, con una fluidez y una profundidad sorprendentes.