Agua viva – Clarice Lispector

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La palabra es la cuarta dimensión de Clarice Lispector y, a través de ella, trata de habitar “el oscuro erotismo de la vida plena”. Clarice escribe con todo el cuerpo, cogiendo las palabras con la mano; va a buscarlas detrás del pensamiento, allí donde está la semilla de la vida, el agua primordial, el “agua viva”.

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Descripción

La palabra es la cuarta dimensión de Clarice Lispector y, a través de ella, trata de habitar “el oscuro erotismo de la vida plena”. Clarice escribe con todo el cuerpo, cogiendo las palabras con la mano; va a buscarlas detrás del pensamiento, allí donde está la semilla de la vida, el agua primordial, el “agua viva“.

Trata de usar las palabras como cebo para pescar así la “no-palabra”, la “entrelínea”, lo in-decible, y es sorprendente la facilidad que demuestra en este libro para conseguirlo. Clarice se sumerge en “el casi dolor de una intensa alegría” y emerge de él con palabras que evocan el mundo trémulo, alto y leve del espíritu.

Lispector busca el “instante-ya“, el “es de la cosa”, la voluptuosidad del presente, su meollo blando y fluyente allí donde el yo personal se convierte en “it“, en el uno impersonal, en dios. Su escritura entonces es casi una plegaria orgánica que nos llega hasta el hueso, hasta las vísceras tibias de las que provenimos. Nos invita a bucear en la nada común y pantanosa, en el no-lugar donde todo se yergue y se estremece.

Clarice en “Agua viva” escribe para “nacerse”, para crearse, para llegar a ser, y de este parto surgir “dura, heroica, solitaria y de pie”, preparada para luchar contra lo imprevisto y lo in-formal. Para ello ensancha su corazón en todas direcciones, afila su “sentido de descubrimiento”, descansa en su melancolía y fuerza los límites del lenguaje hasta la frontera con el secreto y el misterio.

Clarice Lispector ha intuido la dimensión “oblicua” de la vida, la vida en los ángulos como la llama Pascal Quignard. Una vida independiente, leve, heterodoxa y frágilmente verdadera, que solo alcanza su sentido cuando vivirla nos resulta extraño y mágico.

Huidiza y esquiva, la vida oblicua queda fuera del alcance de las palabras y de la formalización, solo la contemplación que fusiona el pensamiento y el sentimiento permite entender y experimentar la verdadera alegría (“quien no tenga miedo de ser alegre y de sentir por una vez siquiera la alegría alocada y profunda tendrá lo mejor de nuestra verdad“).